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La luna nos tendió una trampa, a ti y a mí. Nos encerró en aquel jardín privado. Su tenue luz, hizo que tus ojos chispearan aún más. Les negaste el parpadear, y fijos en los míos, hicieron mi cuerpo temblar.

La delgada línea que separaba tus labios en horizontal, se dibujó en una sonrisa celestial…

Sí, fue la Luna, la culpable, la que enredó mis dedos en tu cabello, la que apagó la luz de las calles y te hizo resplandecer como la estrella de poniente.

Tu tez pálida se iluminó con el efímero destello del lunar rayo, y encontraste tu reflejo en mis pupilas, dilatadas hasta el infinito, para no perder ni un instante de tu belleza, de tu armonía que dibujaba suaves ondas en el viento, cálido aún, de principios de otoño.

Ella fue, sin duda, la artífice de nuestra historia, la que empujó mi cuerpo a aferrarse al tuyo, la que me obligó a posar mis labios en aquella sonrisa radiante.

Luna y su embrujo hicieron que tu corazón y el mío, palpitasen al unísono, y compartiesen la partitura de los pliegues del universo.

De igual forma dictaminó nuestra unión por encima de los tiempos. Nos cobijó del miedo, nos amputó la desesperación y nos regaló, la felicidad del cometa errante, sin camino ni rumbo, más que el de las estrellas danzantes.

Asimismo sembró nuestra vida de lucecitas titilantes y el sendero marcó de las caricias de los amantes.

Si alguna vez, no pudimos juntos yacer y dormir, me traía tu aroma, de piel aseada y perfumada, con lavandas silvestres, con jazmines y azahares… me traía el olor de la tierra mojada, por donde tus pies pisaban

Siempre nos celó, nos custodió, y mantuvo fuerte nuestro amor. Nunca nos negó asilo ni fervor.

Hoy, una gigantesca nube, lúgubre y mortecina la engañó.

Hoy, la nube nos separó. A su grupa llevaba con viento feroz, a la dueña de la guadaña. Nadie pudo impedir, que segara lo que la Luna tanto tiempo vigilara.

Hoy la Luna llora, y en rocío se amasarán, sus lágrimas mañana.

Acalló su canto, bramó desesperada.

Su aullido retumbó en el infinito, desplegó sus rayos ofensivos de luz herida e hiriente, gimió y pataleó sin pies aparentes, estalló su núcleo de amor en microscópicos asteroides de dolor y odio, sentenció a la muerte con inigualable rabia y rencor y juró por los cielos sempiternos venganza eterna.

Desterró a las estrellas de su reino sin par por no denunciar la funesta llegada.

Su máscara helada luce una nueva señal hollada, y el cráter de su boca desgarró la noche fatal y graznaron los cuervos de los parajes severos, y cantaron las escolopendras ante el festín venidero, y los gusanos se prepararon para la orgia de la carne podrida.

Luna desató el viento, desasió el frío e instauró el perpetúo invierno.

Y aunque sigues oliendo a azahar y a lavanda… a tierra húmeda, ya tus pies nunca se posarán acompañando mi andadura.

Luna entristeció y en mi corazón anidó la soledad y la desesperanza.

Hoy me despedí de ti como cada mañana, pero…

No habrá mañana, ni día, ni noche. El tiempo se paró por que tú ya no estás.

El Sol salió, pero mis ojos no ven, mi corazón no siente, mis manos no acarician, y sólo pido que vuelva esa nube, y que cara a cara me siegue la vida, pues la existencia me marchitó, sin poder dar ni un solo grito.

 

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