Y las pistolas cargadas
junto al teclado
dispuestas a matarte
a letras, frases y sensaciones.

Y todas sus balas llevan tu nombre
inventando leyendas que te envenerarán las venas
y un torrente creativo
será tu epístola
dónde se hará honor
a tu condición de triste lector
que sabiendo de tu muerte
no renuncias a abrir el libro
a dejarte los ojos…

Incauto que se ofrece como blanco
al dardo traidor del escritor
que juega a la ruleta rusa
con el cañón siempre dirigido
a tu puto rostro.

Y si no te mata
te quedas sentenciado
a ser un muerto viviente.

Anuncios